Septiembre ya está aquí, y con él, el 29 de septiembre, el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. Este día lo estableció la Asamblea General de Naciones Unidas en 2019, y se celebra desde 2020 con un objetivo claro: poner el foco en uno de los problemas más absurdos (y más solucionables) del sistema alimentario.
Y decimos absurdo porque las cifras, la verdad, cuesta digerirlas…
Según el Food Waste Index Report 2024 del programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en 2022 se desperdiciaron en el mundo 1.050 millones de toneladas de alimentos, el equivalente a 132 kilos por persona al año. ¿Lo alarmante? De esa cifra, el 60% (631 millones de toneladas) salió directamente de los hogares.
Y mientras esto pasaba, según el propio informe, 783 millones de personas sufrieron hambre ese mismo año. Como resumió Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA, cuando se presentó el informe:
“El desperdicio de alimentos es una tragedia mundial. Millones de personas pasarán hambre hoy debido al desperdicio de alimentos en todo el mundo “
El impacto no se queda solo en lo social. Producir, transportar y desechar comida que nunca llega a comerse genera entre 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Ya en 2013, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advertía además que, si el desperdicio de alimentos fuera un país, sería el tercer mayor emisor de C02 del planeta, solo por detrás de China y Estados Unidos.
¿Y en España qué tal vamos? Según el último informe de Desperdicio Alimentario en España 2024, publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), en 2024, se desperdiciaron 1.125 millones de kilos de alimentos y litros de bebidas, lo que equivale a 24,38 kilos por persona al año.
La buena notícia es que la cifra sigue bajando (un 4,4% menos que en 2023 y casi un 20% menos que en 2020), y que los hogares, responsables del 97,5% de ese desperdicio, son también quienes más lo están reduciendo.
Así que sí, el problema es enorme, pero también es de los que se combaten con gestos cotidianos, sin necesidad de grandes inversiones. Como dice Tristram Stuart, uno de los investigadores y activistas que más ha estudiado este tema a nivel mundial, la solución pasa por algo tan simple como “compremos lo que necesitemos y comemos lo que compremos”.
¿Sabías que parte del desperdicio ocurre incluso antes de que la comida llegue a nuestras casas? Muchas frutas y verduras perfectamente comestibles se descartan por no cumplir los estándares estéticos de la gran distribución (por su forma, tamaño o color) y ni siquiera llegan a las estanterías. Pero hay mucho que sí podemos cambiar en nuestro día a día para no hacer este problema más grande.
Y como en Good Karma Projects nos gusta buscar soluciones a los problemas ambientales, aquí os dejamos 6 gestos sencillos para que el Día Internacional del Desperdicio Alimentario se quede en algo más que una fecha en el calendario.
Planifica antes de hacer la compra
Uno de los primeros pasos para desperdiciar menos comida empieza incluso antes de entrar en el supermercado.
Antes de hacer la compra, revisa qué tienes en la nevera, el congelador y la despensa. Después piensa qué comidas vas a preparar durante los próximos días y prepara una lista con todo lo que necesitas. Intenta respetarla y comprar únicamente lo que realmente vayas a utilizar.
Parece sencillo, pero la planificación es una de las herramientas que la Comisión Europea identifica como relevante para prevenir el desperdicio alimentario en los hogares. También señala que las compras impulsivas y determinadas promociones que animan a comprar más cantidad de la necesaria pueden contribuir a que los alimentos no lleguen a consumirse antes de que se deterioren.
Aprende a diferenciar: 'consumir preferentemente' de 'fecha de caducidad'
La Comisión Europea explica que la confusión entre estas dos indicaciones puede contribuir al desperdicio de alimentos. De hecho, estima que hasta el 10% del desperdicio alimentario en la UE está relacionado con la incomprensión de las fechas de los alimentos.
La fecha de caducidad está relacionada con la seguridad alimentaria y debe respetarse. La expresión “consumo preferente”, en cambio, indica hasta cuándo el alimento mantiene sus propiedades esperadas, como sabor, textura o aroma, cuando se ha conservado correctamente. Que haya pasado esa fecha no significa automáticamente que el alimento sea inseguro, aunque siempre hay que valorar el producto y seguir las indicaciones de conservación del envase.
¡Así que recuerda! Antes de tirar un alimento, mira exactamente qué tipo de fecha aparece y sigue las indicaciones de conservación.
Aplica la regla del “primero en entrar, primero en salir” (FIFO)
¿Te suena la regla FIFO? Son las siglas de First in, First Out, que significa “primero en entrar, primero en salir”. Y aunque pueda sonar a técnica de supermercado, también podemos aplicarla fácilmente en casa.
La idea es muy sencilla: coloca delante los alimentos que compraste primero o que tienes que consumir antes, y detrás los que acabas de comprar. Así, cuando abras la nevera o la despensa, lo primero que encontrarás será aquello que lleva más tiempo esperando.
Por ejemplo, si compras un nuevo paquete de yogures, colócalo detrás de los que ya tenías. Lo mismo puedes hacer con frutas, verduras, conservas o cualquier otro alimento.
De esta manera, reduces las posibilidades de que los alimentos queden olvidados al fondo de la nevera hasta que ya no puedas aprovecharlos y, además, te ayuda a planificar las comidas de los próximos días dando prioridad a aquellos productos que necesitan consumirse antes.
Un pequeño cambio de orden que puede ayudarte a aprovechar mejor los alimentos y reducir lo que acaba en la basura
Dale una segunda vida a tus sobras (y a lo que normalmente tiras)
Las sobras de una comida no tienen porqué acabar en el cubo de la basura. Ese arroz, esas verduras o las legumbres que han quedado de la cena pueden convertirse en una receta completamente diferente.
Además, muchas partes de frutas y verduras que solemos descartar, como tallos, pieles y hojas, pueden aprovecharse siempre que sean comestibles, estén en buen estado y se hayan lavado correctamente.
Un caldo preparado con restos de verduras, una tortilla vegana con los ingredientes que han quedado en la nevera, un pesto con hojas de zanahoria o unos picatostes con pan duro son solo algunas ideas de lo que conocemos como cocina de aprovechamiento.
No hace falta ser chef ni seguir una receta complicada. A veces, solo hay que perder un poco el miedo a improvisar y mirar los ingredientes desde otra perspectiva.
Porque la recta más sostenible puede ser, simplemente, la que evita que un alimento termine en la basura.
Conserva, congela y comparte
Una conservación inadecuada puede hacer que los alimentos se deterioren antes de tiempo. Por eso, es importante prestar atención a las condiciones de almacenamiento que aparecen en el envase y mantener cada alimento en el lugar adecuado: nevera, congelador o despensa, según corresponda.
La Comisión Europea señala precisamente el almacenamiento inadecuado como uno de los factores que pueden contribuir al desperdicio alimentario en los hogares.
Y cuando veas que no vas a consumir algo a tiempo, el congelador puede convertirse en tu mejor aliado. El pan, algunas verduras, la fruta madura o determinadas comidas ya preparadas pueden congelarse y aprovecharse más adelante. Eso sí, cada alimento tiene sus propias características, así que es importante seguir siempre las recomendaciones de conservación y congelación adecuadas.
Pero ¿qué pasa cuando tienes más comida de la que vas a poder consumir? Antes de tirarla, compártela. Los bancos de alimentos y otras entidades sociales pueden ser una opción para donar alimentos en buen estado y ayudar a que lleguen a personas que los necesitan. Lo más recomendable es contactar primero con la organización de tu zona para saber qué alimentos aceptan y en qué condiciones.
El desperdicio alimentario es un problema global, pero también es un problema en el que nuestras decisiones cotidianas pueden marcar la diferencia.
Y es que, como recuerda Naciones Unidas, cuando perdemos o desperdiciamos alimentos también desperdiciamos los recursos que se han utilizado para producirlos: agua, tierra, energía, trabajo y capital.
Y quizá esa sea la mejor manera de entenderlo: cada alimento que conseguimos aprovechar es un recurso que no hemos desperdiciado. Por eso, este 29 de septiembre, aprovechando el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, te proponemos un pequeño reto:
Mira tu nevera, revisa tu despensa y piensa qué puedes aprovechar antes de comprar algo nuevo. Porque cuidar el planeta no siempre requiere de grandes gestos.